SANTIAGO SEGUROLA: “Bajar con mi padre a Lasesarre era un momento feliz”.

Era una de las voces que más recordaba cuando, de adolescente, escuchaba las nocturnas tertulias futbolísticas que se organizaban en El Larguero. Luego, si la memoria no me falla, le empecé a leer en El País, comprobando que era de las plumas más elegantes que escribían sobre fútbol y sobre deporte en general. Sin ocultar o, mejor dicho, reivindicando su condición de Athleticzale, era un gusto leerle o escucharle tratar el mundo del fútbol sin caer en el bipartidismo balompédico imperante en la gran mayoría de medios. Es más, parecía rebelarse – y lo sigue haciendo – contra esa tendencia mediática en la que parece que sólo existen Barça y Madrid, Madrid y Barça, tanto monta.
Supe que era de Barakaldo y que, de hecho, había residido en mi mismo barrio. Supe también que había sido asiduo a uno de mis bares favoritos del mundo, el Panorama, acompañado en alguna ocasión, según me contaron, del mítico Andrés Montes. Eso se nota en su exquisito gusto musical, del que ha hecho gala cuando llevó los mandos en la sección cultural de El País. Y supe, por fin, aunque no fuese difícil de imaginar, que sentía un gran aprecio por el club de fútbol de su pueblo, equipo en el que llegó a militar su padre. Y conociendo todo esto, sabía que, tarde o temprano, el prestigioso periodista deportivo Santiago Segurola (Barakaldo, 1957) debía concederme un rato de su tiempo para charlar acerca del pasado, presente y futuro del Barakaldo CF. Helo aquí, en Histórico Barakaldo.

Nacido y residente en Barakaldo durante unos cuantos años. ¿Cuáles son los primeros recuerdos que asocias al club de fútbol más representativo del pueblo?

Mis primeros recuerdos los asocio bajando con mi padre desde el barrio de Santa Teresa, cruzando la vía del tren minero, camino de Lasesarre con él, con mucha gente, sobre las 15:30, en la época en la que los partidos empezaban a las cuatro de la tarde. Era un momento feliz. Ir con tu padre al fútbol siempre es lo mejor que le puede pasar a un niño. Es un día de fiesta. Me acuerdo también donde nos poníamos, de pie, detrás de la portería, donde estaba la torre del marcador, la portería de Altos Hornos.

Yo tendría unos 7 u 8 años, hablamos de los años que van de 1965 a 1967 y ahora no sabría poner cara a algunos de los jugadores de aquella época pero sí recuerdo algunos nombres: Cedrún, Cachas, Méndez, De Amurguía, , Tomás, Goyenechea… Luego, más adelante, vendrían los Lalo, Irribarren, Urruchurtu, etc…

Tu padre, de hecho, militó en el Baracaldo FBC en la década de los 30 del pasado siglo.

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Mi padre, Santiago Segurola Belastegui, nació en Barakaldo el 29 de diciembre de 1912. En un Barakaldo anterior a la primera Guerra Mundial, con la primera ola migratoria llegada a la margen izquierda, una migración generalmente de interior (vasca, navarra) que acudía a trabajar a las factorías de Altos Hornos. Siempre se sintió muy barakaldés y desde crío era un enamorado del fútbol. Según contaba, iba a las barberías a leer los periódicos, algunos deportivos, como el Excelsior. Esto alimentó su avidez por la información y por el deporte pero, además, le gustaba mucho jugar a fútbol, en un momento en el que aún era un deporte naciente. Al parecer, era zurdo, jugaba de interior izquierda y, por lo visto, debía jugar bien, aunque él decía que no tenía la fuerza necesaria para jugar en las condiciones de aquel fútbol: campos embarrados, botas muy pesadas, balones terribles… jugaba con un pañuelo en la cabeza para protegerse del correaje de los balones al rematar.

Además del Barakaldo, jugó en el San Vicente y, después, junto a un amigo suyo, Larrazabal, que jugaba con él, recibieron la propuesta para jugar en Andalucía, la cual aceptaron jugando en el Guadix, en el Granada y en el Cádiz. Todo esto fue antes del estallido de la guerra civil española, de 1932 a 1936. De todo este periplo, recordaba mucho una eliminatoria contra el Celta de Vigo, vistiendo la camiseta del Barakaldo, por lo que suponía viajar en aquella época hasta allí. Una auténtica odisea. También recordaba, por el mismo motivo, algunos partidos contra equipos de Madrid.

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Balaídos (Vigo) 27 de Enero de 1935. Celta de Vigo – Barakaldo FBC (1-1). Cachi abre la alineación y junto a él Santiago Segurola con la venda en la cabeza. Les siguen Castor, Zuloaga, Olano, Larrazabal, Pisón, y Julian Ramón. Agachados tenemos a Fuentes, Antolín y Cachelo. Tras su periplo andaluz, última etapa del padre de nuestro protagonista en el equipo de su pueblo.

Más allá de jugar, él era muy hincha del Barakaldo y también acérrimo del Athletic. En ese sentido, nunca comprendió, ni yo tampoco, porque había un sector en el Barakaldo anti Athletic. En cualquier caso, era un aficionado exigente y sufridor, en ambos casos, del Barakaldo y del Athletic, muy aficionado al fútbol en general y siempre muy agradecido a este deporte.

Por lo demás, también recuerdo que cuando yo era niño, se paraba con gente de su edad y mayores que él a hablar de fútbol. Me acuerdo paseando por Los Fueros hablando con Bata o una conversación que no se me olvidará nunca con Pachuco Prats, quien fuera estrella del Real Madrid y que jugó en la selección española en aquella eliminatoria que ganó a Inglaterra, un futbolista de Barakaldo y del Barakaldo al que admiraba mi padre.

De todos modos, mi vinculación familiar con el Barakaldo no se reduce exclusivamente a mi padre. También la he mantenido a través de mis primos. Uno de ellos ha sido directivo, de forma que nunca nos hemos olvidado del club.

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Segurola el primero por la izquierda jugando en el Granada. El primero de rodillas es Tomás Larrazabal, amigo de Santiago, y que fuera también histórico jugador del Baracaldo FBC.

Entiendo que toda esta experiencia desde pequeño contribuyó a forjar tu vocación periodística.

Claro. Y es que, además, mi padre devoraba los periódicos. Yo era el pequeño en casa, con diferencia respecto a mis hermanos, y siempre me quedaba el último para acceder a los periódicos. Todos lo leían y yo, para poder leer las noticias de deportes, me prestaba a comprar el pan y la leche a las 8 de la mañana, antes de ir al colegio, y así me daba tiempo a ojearlo en el trayecto de vuelta. Me llegaba a sentar en las escaleras de casa a leer las crónicas de fútbol o de ciclismo… Todo esto me permitió adquirir una gran educación futbolística y periodística.

¿Cómo era Lasesarre en los años en los que tú bajabas?, ¿qué ambiente se vivía?, ¿qué equipos, jugadores o partidos recuerdas especialmente?

Recuerdo perfectamente la tribuna de madera de Lasesarre y que el campo, muchas veces, se anegaba de barro negro a consecuencia de las mareas de la ría. Si lo piensas, ahora estaría prohibido jugar en esas condiciones, con todos los residuos de las industrias químicas de la Babcock, de Altos Hornos, de Unquinesa… podías agarrar cualquier cosa. Quién sabe si, de alguna manera, este ambiente pudo tener algún tipo de efecto sobre los futbolistas. Aunque, bueno, todos vivíamos en unas condiciones horribles. Yo adoro Barakaldo pero recordar cómo creció y cómo el franquismo permitió que viviéramos en esas condiciones de hacinamiento, emanando gases, con una niebla tóxica de primer nivel… es tremendo. Recuerdo las sirenas de las fábricas en los cambios de relevo. Era un ambiente que impresionaba.

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Santiago Segurola y el Barakaldo de su infancia Foto: mitosyleyendasdelfutbol

En cualquier caso he de confesar dos razones por las que me desligué un poco emocionalmente del Barakaldo y por las que, quizá, no tenga tantos recuerdos: la primera, que me dolió mucho, fue un día en el que a principios de los años 70, cuando existía el marcador simultáneo Dardo, en el que las marcas iban representando un partido equis en cada casilla, pues resulta que mirando al mencionado marcador, veo que la gente de Lasesarre empieza a aplaudir un gol del Celta al Athletic. Me decepcionó mucho. Comprendo ciertas rivalidades pero no esa. Para mí el Athletic es una cosa trascendental y me llevé tal desilusión que, durante una temporada, me alejé de Lasesarre. La segunda es que, además, a mediados de los 70, me trasladé a vivir con mis padres, cuando ya eran mayores, a la margen derecha y, aunque no perdí el vínculo, evidentemente ya no iba con tanta frecuencia. Pero bueno, evidentemente, seguía la actualidad del Barakaldo con mucho interés y recuerdo perfectamente al Barakaldo de los 70: me acuerdo muy bien de Dani que marcaba la diferencia, recuerdo a Escalza, a Madariaga, a Merayo… una época de excelentes futbolistas… y, por supuesto, recuerdo perfectamente al Barakaldo de Sarabia.

Sarabia y yo nos llevamos dos meses. Es de mi año. Recuerdo que él jugaba en el San Pedro de Sestao y, por algún tema administrativo, el equipo tenía que jugar en el campo de San Vicente de Barakaldo por lo que iba a verle muchas veces las matinales de los domingos. Ya entonces era un espectáculo ver a un chaval de 15 años en un campo que estaba fatal y ver cómo driblaba a los contrarios, con esa forma tan peculiar de correr y yo pensaba que ese tío era una maravilla y yo no veía a nadie de mi generación o de mi colegio hacer esas cosas. Y pensaba: ¿pero este tío está en el San Pedro? Pues cómo serán los juveniles del Athletic para que este no esté allí… y de hecho, jugó algún partido contra el Athletic en Paules, un Athletic en el que, por ejemplo, ya estaba Urkiaga, y pensaba que no le llegaban ni a la suela de los zapatos. Justamente después de aquella temporada en el que le vi muchísimo, fichó por el Athletic con 16 años y se empezó a hablar de él.

A pesar de todo, por su físico generó dudas y le cedieron al Barakaldo y en Lasesarre se confirmó que era un escándalo de jugador. Recuerdo que Jorge Valdano me contó que se enfrentó a él cuando estaba en el Alavés, en Lasesarre. Valdano decía que no se podía jugar ahí porque había medio metro de barro en el campo y él mismo no podía levantar la pelota, que se hundía, se tropezaba, no podía moverla… y, sin embargo, se quedó asombrado porque veía a Sarabia, que era infinitamente más ligero, adaptándose a la perfección. Decía que parecía que fluía, que patinaba sobre el campo, que era como una cigüeña que se posaba, que era algo extraordinario como metía el pie por debajo de la pelota para que no se le quedase pesada en el campo. Me llegó a decir que es una de las cosas más asombrosas que ha visto en un campo de fútbol, que un jugador tan aparentemente poco dotado para jugar sobre el barro fuese el mejor, con diferencia, de todos los que estaban allí.

Como decía, tras haberle visto jugar cinco años antes, en condiciones igual de extremas, coincido. Era extraordinaria la habilidad que tenía para moverse sobre el barro y, de hecho, de los mejores partidos que le he visto a Sarabia ha sido en un San Mamés embarrado, un 4-1 al Barcelona, al principio de su carrera, en el que él se salió jugando de 10 y se movió en aquel campo de manera extraordinaria.

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Lasesarre, 11 de diciembre de 1977. La pelea en el barro entre el Baracaldo C.F. y el Deportivo Alavés de Jorge Valdano. (2-1) En la imagen Bengoechea con el balón apoyado por Benito, detrás Sarabia y al fondo Duñabeitia.

Desde tu dilatada experiencia profesional como periodista deportivo, ¿cómo crees que se valora o se ha valorado al Barakaldo CF en el resto del estado?

Yo creo que, desgraciadamente, ha perdido presencia por varias razones: primero porque está en 2ªB, no está en 2ªA desde hace muchísimos años y eso es un factor crucial para que la gente se vaya olvidando de los equipos. Al final, te acabas olvidando hasta de equipos míticos como cuando el Oviedo o el Racing en 2ªB sólo eran noticia para contar malas noticias.

En ese sentido, se ha perdido la información deportiva en los periódicos. Repasando La Gaceta de los 70 y 80 había una excelente cobertura del Sestao y del Barakaldo especialmente. Ahora no se encuentra información sobre ellos por ninguna parte. Esto es por la situación deportiva y también por lo que ha sucedido en los medios de comunicación. Ya no es que importe muy poco lo poco importante sino que lo que siempre ha sido importante apenas interesa ya porque solo interesan los dos equipos, el Barcelona y el Madrid, todo lo demás es como si no existiera o como si fuera una especie de folklore casi innecesario. Personalmente, es algo que no puedo soportar, pero digamos que ese régimen se corresponde con el régimen social actual, es decir, los ricos más ricos que nunca y los pobres más pobres que nunca. A partir de ahí, podemos decir que la situación del Barakaldo invita, periodísticamente, a dar muy pocas noticias, lo cual es dramático ya que en la medida en que no te conocen, no se te ve y la invisibilidad hace que desaparezcas.

Por otra parte y siendo sincero, no creo que el Barakaldo haya tenido una gran trascendencia a nivel nacional. Creo, sin embargo, que sí se considera y se ha considerado al Barakaldo y a Barakaldo y, por extensión, a la margen izquierda, como cuna de buenos futbolistas, de gente de carácter. Hoy en día cuando se comentan partidos y se menciona a Yerai o a Unai Núñez y se dice que son de Barakaldo, eso de alguna manera hace que la gente se quede con ello, con el hecho de que es una zona que ha dado excelentes futbolistas para el Athletic, para el fútbol español y te pone en el mapa, al pueblo, a la zona y, de paso, a los equipos de esos pueblos. Por eso, aunque en el inconsciente general el Barakaldo representa más bien poco en el fútbol español, sin embargo, su pueblo, el tipo de jugador, los futbolistas que han nacido ahí han tenido una trascendencia enorme en el fútbol español. Yo creo que será de los pueblos más importantes a nivel de contribución de jugadores al fútbol español.

Siendo hincha acérrimo del Athletic, ¿cómo observas la relación entre ambos clubes?, ¿cómo ha evolucionado?

Vivo en Madrid desde hace años y eso hace que no conozca en profundidad los entresijos o secretos de esa relación pero yo creo que, sinceramente, el Barakaldo, el Sestao, el Portugalete, el Arenas, el Getxo… deben tener necesariamente una buena relación con el Athletic y el Athletic con esos clubs. El Athletic no debe ejercer ningún tipo de tiranía ya que va a vivir de ese caladero, por lo que la generosidad por ambas partes es necesaria, no sólo para el Athletic sino para todo el fútbol vizcaíno. Sin el Athletic como meta para todos los chavales que ingresan en esos equipos, todo sería más complicado, por lo que incluso biológicamente, por decirlo de alguna manera, esa relación tiene que ser buena, natural, sabiendo cada uno dónde está, tienen que entenderse para favorecerse todos… ¿qué sería para el fútbol vizcaíno un Athletic en segunda? Sería una auténtica tragedia para el fútbol vizcaíno.

Precisamente, hablando de la segunda, el Barakaldo CF lleva casi cuatro décadas sin conseguir el ansiado regreso a la división de plata, ¿a qué crees que puede responder?

El Barakaldo es lo que es. Está a la sombra de un gigante que hace sombra a todo y a todos. Además, si miras a la 2ª, te encuentras a equipos como el Zaragoza, como el Mallorca, como el Oviedo… que son representantes de grandes capitales, de ciudades mayores que Bilbao. Eso es así y competir con eso es una ensoñación. De vez en cuando, se hacen las cosas tan bien que funciona y se alcanza ese techo pero es dificilísimo, en la medida además de que el salto económico de la 2ªB a la 2ª, sin ser un paraíso, es enorme. Recordemos también que, por ejemplo, en 2ªB tenemos al Racing de Santander, en el mismo grupo que el Barakaldo, y que sí, somos baracaldeses y somos echaos pa’lante y tal pero también tenemos que reconocer las limitaciones. Hay que ser realistas en el fútbol y en la vida. Y sí, puede que alguna vez se puede dar que coincida una generación que permita dar el salto pero habrá que saber que lo más probable es que luego el regreso a la 2ªB suceda pronto.

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Santiago Segurola en su actual etapa como comentarista en Bein Sports. (Foto:beinsports.com)

Bueno, tenemos el caso del Eibar, por ejemplo, como excepción a este tipo de situaciones.

Es un ejemplo de cosas bien hechas pero es muy difícil. El Eibar ha sido listo de aprovecharse de estar a la sombra de Athletic y Real y, a la vez, no estar a la sombra de ninguno y aprovechar esa competencia entre Real y Athletic para estar en una situación equidistante y, en muchos casos, atraer a jugadores de los dos equipos y ser una especie como de lugar de encuentro de jugadores del radio de los dos equipos. Así, para llegar a 1ª hemos visto a ex jugadores de Real y Athletic hacerlo muy bien y yo no sé si eso puede pasar en el Barakaldo, me cuesta creerlo. En cualquier caso, eso te dice que haciendo bien las cosas, funcionando bien y teniendo suerte, teniendo una identidad que te permita hacer eso, yo creo que en ese aspecto el Eibar aprovechó muy bien la equidistancia pero no sé si hay otro club que esté en esas condiciones.

Para acabar, si sigues la actualidad de la entidad gualdinegra, sabrás que la masa social del Barakaldo CF ha aprobado el inicio del proceso para convertirse en SAD. ¿Cómo valoras este movimiento?

No lo sé… en ese sentido, el Eibar lo hizo muy bien. Representó un modelo de fútbol casi romántico y pidió ayuda para poder subir a 1ª y hubo aportaciones de todo el mundo. No sé si podrá hacer algo así el Barakaldo. En cualquier caso, la transformación no me parece incorrecta siempre que haya un control bueno sobre las mayorías y sobre los intereses a veces un poco oscuros que a menudo se ven en el mundo del fútbol: gente que aterriza en clubes para promocionarse, para sacar ventaja y luego revenderlos… he visto cosas muy feas. Yo creo que lo ideal sería que hubiera una gran aportación de gente de Barakaldo, de hinchas del Barakaldo, que esté muy repartido y que representara dentro de este modelo algo parecido a lo que representa en el otro, es decir, un club popular. Pero claro, no sé si la gente está con ganas de hacerlo o no, qué tirón tiene el equipo para ello… yo estaría encantado de aportar y si se pide ayuda, mi pequeña ayuda la haré, pero tirar del dinero de la gente no es fácil porque entregar al fútbol lo que muchas veces la sociedad no te da a ti, pues…

En cualquier caso, habría que articularlo bien, ser transparente, no mentir a la gente, decir la verdad, una estrategia de convocatoria para los hinchas, ser claros y transparentes en la gestión y, desde luego, deslindarse de cualquier movimiento buitre… y es que no podemos olvidar que el fútbol es muy goloso.

Raúl Luceño para Histórico Barakaldo CF

“ROCKY” LICERANZU: «El estruendo de la vieja tribuna “acojonaba” al contrario»

Hubo un tiempo en que el Athletic enviaba a sus mejores cachorros a Lasesarre para que terminaran de afilar sus garras. Por el viejo estadio barakaldés, entre otros muchos, desfilaron los Oñaederra, Otaolea, Madariaga, Dani, Bengoetxea, Sarabia o nuestro protagonista, Íñigo Liceranzu, un magnífico exponente de aquella camada que tantos éxitos dio a los rojiblancos allá por los años 80. Un cuarto de siglo después, Rocky también tuvo la oportunidad de entrenar a nuestro equipo durante algo más de dos temporadas.

Comenzando por tu etapa de jugador, tú llegas al Barakaldo la temporada 80-81 cedido por el Athletic.
Sí, después de realizar la pretemporada en el Athletic con Helmut Senekowitsch, no me ven posibilidad de jugar aquella temporada. Tenía por delante a centrales como Guisasola, Andoni Goikoetxea o Purroy, así que llego a finales de agosto y debuto en el Torneo de La Galleta, un “clásico” que entonces el Barakaldo jugaba todos los años.

En un equipo en el que jugabas en el centro de la defensa junto con Carmelo.
…y con Irusta, también procedente de Lezama aunque mayor que yo. Jugué todos los partidos y todos los minutos; solo me perdí un partido por acumulación de tarjetas ante el Cádiz en el Ramón de Carranza. Jugué todos los minutos de los otros 37 restantes

Iñigo Liceranzu. Gol en Lasesarre Barakaldo C.F. 1980
19-10-1980. Liceranzu marcando su único gol como gualdinegro en un Baracaldo C.F. – Cádiz C.F. (2-0)

Aquella temporada hicistéis una primera vuelta muy aceptable con un Txiki Sainz que la acaba como máximo goleador de la categoría, pero que en cuanto empiezan a faltar sus goles, el equipo se viene abajo.
La verdad es que no sé muy bien las razones, porque no tuvimos un lesionado de larga duración. El fútbol muchas veces es inexplicable. Había una plantilla muy maja, ocho o nueve jugábamos casi siempre y creo recordar que entonces había que alinear a dos sub-20, una “patochada” que se le ocurrió a algún iluminado con la intención de rejuvenecer la 2ª división. Yo no lo era, tenía 21 años; estaban Zamorita, Uribe y Castander (también Teo Rastrojo, N. del A.). Teníamos un equipo que estaba bien para la categoría; no para hacer lo que tres años antes habían conseguido los Bengoetxea y Sarabia, cuando se estuvo a punto de subir, pero no para bajar.

En el banquillo Carmelo Cedrún, que a falta de cinco jornadas fue sustituido por Mané, un novato en la categoría.
Cuando llegó Mané aún había posibilidades de salvación, pero es muy poco tiempo para hacer algo. El nivel de aquel equipo no era para haber bajado, pero fuera sacamos muy pocos puntos. Yo creo que con Mané el equipo era un poco más estable. Con Carmelo Cedrún eramos una caja de sorpresas, podíamos ganar como nos podían ganar.

Del buen nivel en determinados momentos de aquella temporada, da buena cuenta la victoria en Lasesarre por 2-0 en la jornada 11 ante el Castellón, que llegaba invicto y que acabó ascendiendo y como campeón.
Recuerdo aquel partido porque Carmelo Cedrún me dice antes de empezar: “anule usted a Planelles”. Planelles era la figura del Castellón, un hombre que había jugado muchos años en primera división. ¿Cuál era el problema? Que Planelles era medio, con lo que estuve todo el partido en el medio campo, pero, eso sí, Planelles no la tocó. Yo, nada, pero él, tampoco.

Por cierto una de las imágenes más escalofriantes que recuerdo de aquella temporada fue un choque “cabeza con cabeza” con el malacitano Filgueira en Lasesarre.
Sí, recuerdo que la jugada fue al lado de los banquillos. Yo iba a por el balón, se metió él por delante, llegó antes que yo, y el cabezazo que iba a dar al balón se lo pego a él. Ambos acabamos sangrando, pero él, peor parado, ya que estuvo un par de días ingresado en Cruces con conmoción cerebral.

Y de aquella temporada es obligado recordar la eliminatoria de Copa del Rey de tercera ronda en la que os enfrentáis al Barcelona, a la postre campeón del torneo.
En esa eliminatoria fue al revés que en la liga: fallamos en casa, porque en el Nou Camp hicimos un partidazo. En Lasesarre la clave fue el danés Simonsen, nos volvió locos en la banda derecha. En el Nou Camp hicimos lo que pudimos, pero pesó mucho el 0-2 de la ida en Lasesarre; lo que hicimos fue echarle garra y amor propio, por eso empatamos a uno y dejamos muy buena sensación, aunque yo hubiera preferido que fuera al revés: perder 2-0 en Barcelona y en casa, al menos, haber sacado un empate para que los aficionados se fueran contentos.

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21-1-1981. Rocky Liceranzu defendiendo la zamarra del Barakaldo en el Nou camp

Alguna anécdota de aquella campaña
Recuerdo que antes de los partidos tenía la costumbre de tomar un bitter, el míster me veía hacerlo. En una ocasión que no lo tomé me dijo: “oiga, usted no se ha tomado el bitter, ¿cómo vamos a ganar así?”. Y es que Carmelo Cedrún era muy supersticioso. En el mundo del fútbol hay muchas manías: la mía era la de ser el último del once inicial en pisar el césped.

¿Mantienes contacto con aquella plantilla?
Muy poco. De los de Barakaldo, cuando he estado allí he visto a Juan Carlos o Manolo. Hace varios años estuve con Jon Agirrebengoa en Mungia. Alguna vez he coincidido en Lezama con Ángel Iturregi, y también me he encontrado con Sebas, mi pareja de mus en los viajes.

¿Consideras que el Barakaldo fue importante en tu evolución posterior como jugador?
Lo fue. Primero, porque jugué en una categoría superior a la que lo había hecho hasta entonces, 2ªB con el Bilbao Athletic. En segundo lugar, porque me sirvió para que los técnicos de Lezama ratificaran que si en 2ªB iba sobrado, en 2ªA, también. Jugué todo lo que pude y la federación me permitió; solo me perdí un partido por acumulación de tarjetas. El resto, todo y todos los minutos.

Por cierto, en aquella época era muy habitual que el Athletic enviara jugadores a “curtirse” a Lasesarre. Sin ir más lejos, en el equipo campeón de las ligas 82-83 y 83-84 estabáis Dani, Sarabia y tú, que habíais jugado en el Barakaldo.
Sigue habiendo cesiones; de hecho, yo cuando estuve entrenando tuve a Jon Vélez y Moya como cedidos. ¿Qué es lo que ocurre? Que el Barakaldo no está en 2ªA; si lo estuviera estoy convencido de que habría 3 o 4 jugadores cedidos todos los años, y no de los que salen de Bilbao Athletic o Baskonia, sino de aquellos a quienes no se ve aún posibilidad de jugar en primera, pero que pueden estar en segunda.

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8-2-1981. A.D. Rayo Vallecano-Baracaldo C.F. (3-1) Santamaría, Juan Carlos, Carmelo, Rastrojo, Dueñas, Juan Ángel, Liceranzu (de pie). Manolo, Sainz, Iturregui, Uribe (agachados).

EL BANQUILLO DE LASESARRE
Rocky Liceranzu entrenador Barakaldo C.FTras dos décadas y media, en la temporada 2005-06 vuelves al Barakaldo, pero al banquillo. A falta de ocho jornadas, para sustituir a Iñaki Zurimendi, cesado tras una derrota en Portugalete por 2-1, y en una situación ciertamente complicada.
Juegan por la mañana. Yo estaba en Mendizorroza viendo un partido del Alavés y recibo unas llamada del presidente Miguel Acero para decirme que estaban reunidos y que querían estar conmigo. Quedamos aquella noche y en menos de media hora llegamos a un acuerdo. El Barakaldo tenía muy buen equipo y yo tenía la ventaja de que conocía a casi toda la plantilla y a muchos de ellos los había tenido en el Amurrio.

El equipo se salva de promoción y descenso en la última jornada tras una victoria por 0-1 ante la Real B con gol de Joseba Del Olmo.
De los ocho partidos restantes, tuvimos que ganar cinco, lo cual no está nada mal. Recuerdo que en aquel partido ante la Real B que, por cierto, ya se había metido en el play-off, metí en el equipo a gente veterana como Armendariz y Galder, porque creo que es lo que hacía falta en esa situación. De aquel equipo, el único fijo era el lateral izquierdo Txiki Lombraña, cuya titularidad yo ya anunciaba en el entrenamiento del jueves. Recuerdo que en mi primer partido contra el Real Unión, que perdimos por 0-1 en Lasesarre, fue expulsado: me pidió perdón varias veces; a la tercera tuve que decirle que no le diera más vueltas y dejara de pensar en ello.

Continúas la siguiente temporada, en la que hay una renovación casi absoluta de la plantilla.
Entre otros, llegan jugadores como Cerro, Álvaro o Solaun, a quienes yo había entrenado en el Amurrio, Moya y Jon Vélez, cedidos del Athletic, o Ibai Rejas, un jugador muy polivalente a quien yo ya había visto con 18 años en el Aurrera de Vitoria y me había impresionado por su rapidez.

Se termina la temporada en sexto lugar. ¿Lo consideraste un éxito o un relativo fracaso?
Para mí, aquella temporada ocurre algo muy importante y es que a mitad de temporada nos quedamos sin Unai Alba, que ficha por el Athletic y llega Iago Herrerín, aún muy joven. Ese cambio fue muy importante, vital, ya que Unai era el mejor portero de la categoría y, probablemente, nos hubiera dado esos dos puntos que nos faltaron para entrar en el play-off. No obstante, creo que fue una temporada mejorable, porque también teníamos a Jon Velez, un Ferrari, rapidísimo, el mejor punta de la categoría.

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IÑIGO LICERANZU, más de dos temporadas en el banquillo de Lasesarre

…y en Lasesarre comienzas a ganarte fama de “amarrategui”.
El público decía que lo era, pero el caso es que hicimos bastantes goles, y eso que entonces aún no había la cultura que hay hoy en día de defender con el balón, con la posesión. Cuando no lo tienes, habrá que defender. Recuerdo que en defensa tenía un pilar, que era el jefe, Javi Cerro, rápido y que, sin ser muy alto, iba muy bien por arriba, disciplinado e inteligente. Si le decías, “ese no tiene que tocarla”, no la tocaba; tenía unas cualidades físicas enormes.

La siguiente temporada, vuelta a empezar: muchas bajas y muchas altas.
Hay que rehacer. Ahí es cuando llegan Kali Garrido, Huegún o Rebollo, un hombre que había empezado a jugar al fútbol muy tarde, pero que tenía una técnica espectacular. También llegan Koldo Garcés del Sestao y Antxon Muneta del Zalla. Teníamos dos laterales como Urbano, que arriba te daba lo justito, pero que atrás era inconmensurable, y por la izquierda Lombraña: los que jugaban por delante de él tenían la orden de que cuando pasaba “el expreso”, ellos hacia dentro, dejándole sitio, y luego balón por delante, a la carrera porque Txiki, con el balón en los pies, era algo torpe, pero si se lo dabas en carrera era capaz de ponerla muy bien. Eso, a la parte derecha del equipo contrario la mataba; basculábamos hacia ese lado. Y tampoco me quiero olvidar de Isidro, un jugador al que había traído la temporada anterior tras hablar con Raúl Otxoa, a quien había tenido en el Amurrio, y que había sido compañero suyo en el Chaves portugués. Me dice que lo lleve a ojos cerrados, aunque ya tenía 35 años. No jugaba mucho de inicio, pero prácticamente entraba en todos los encuentros. Leía muy bien los partidos: si íbamos 0-0 y había que acelerar el partido, él lo aceleraba; si lo sacaba con 2-0 a favor, y había que templarlo, él lo templaba. Un jugador veterano, de esos que saben lo que hay que hacer en cada momento y que, además, en las jugadas a balón parado, la ponía muy bien.

No obstante, la temporada llevaba camino de ser gris, hasta que enlazáis seis victorias seguidas, entre las jornadas 19 y 24, que os meten arriba.
Sí. Fuimos de menos a más y cuando llegamos a las últimas jornadas, estábamos que nos salíamos. Como empieces muy fuerte y llegues al final fundido, no tienes ninguna posibilidad. Al principio no apretábamos tanto, para llegar al final como llegamos.

Y llegamos vivos al partido de Ponferrada en la última jornada. Y lo ganamos…
Tuvimos la suerte de que la Ponferradina no se jugaba nada, ya habían quedado campeones de grupo. Por eso, aunque se pusieron 2-1, siguieron jugando abiertos; de hecho, hay un mano a mano con Xabi Pascual, que al final la salva, que podía haber sido el 3-1. Luego, dos goles de Germán Beltrán, que había salido desde el banquillo, nos dieron la victoria y la clasificación.

Y al play-off. Contra el Girona.
La ida, en Lasesarre, fue un monólogo. Si hubiera tenido que ganar alguien, teníamos que haber sido nosotros, pero no ganamos porque no acertamos. Nos fuimos con el mejor empate posible y había sensación de que podíamos. Allí la tuvimos, con el penalty fallado por Beltrán, que hubiera sido el empate a uno pero no lo metimos.

¿Diste el objetivo de la temporada por cumplido o crees que se podía haber subido?
Estuve una semana que no sabía ni donde estaba, porque el disgusto que me llevé fue de los gordos. Yo veía que ese año, esa plantilla podía subir; además, físicamente, estaban en unas condiciones muy buenas. Era el momento y, además, lo tuvimos en las manos.

Por cierto Íñigo, ¿Beltrán era tan decisivo como nos parecía a todos?
Beltrán era el gol. Recuerdo un partido en Las Gaunas contra el CD Logroñés, épico. Estábamos aguantando el 0-0 pero nos estaban llegando; de pronto, coge Germán un balón por banda, dribla a uno y se la mete al portero por el palo contrario: 0-1 y se acabó el partido. Decisivo.

Es obligado preguntarte por el affaire Rob Davies.
Simplemente se enfadó porque no jugaba. Recuerdo un partido de Copa contra el Mirandés, que se decidió a penaltys. Él fue uno de los que lanzó: le pegó duro y lo metió; a continuación, me viene y me dice: “¿Lo he hecho bien?¿Te gusta cómo lo he tirado?”, y ya ahí me dije, “este está enfadado”. Al poco tiempo desaparece, pero yo no dije en ningún momento que se fuera, de hecho, entraba en esos 20-21 jugadores con los que yo contaba, pero se fue él.

Pese a alcanzar el play-off, no continúas en el banquillo gualdinegro.
Creo que fue en la jornada 26, no recuerdo contra quién jugábamos, el público comienza a meterse con el equipo y yo lo que digo en la rueda de prensa es que el público no se preocupe y que anime a los jugadores, que yo al final de temporada me voy. Si no estaban contentos, yo tenía claro que me marchaba, por lo que lo único que hice fue cumplir con la palabra dada. Hubo muchos que me dijeron que me tenía que haber quedado, que podríamos haber conseguido el ascenso la temporada siguiente, pero tal y como estaba el público era muy difícil, porque desde el minuto uno ya estabann pitando. Y yo decía, no les pitéis porque les influye y si queremos obtener los resultados, esto no nos va a ayudar mucho; si el problema soy yo, me voy.

¿Consideras que el público de Lasesarre fue excesivamente crítico contigo?
No, si el ser crítico conmigo está bien. El problema es que lo estaba pagando el equipo, se ponía nervioso y no jugábamos bien.liceranzu historico barakaldo cf

¿Crees que los aficionados barakaldeses somos demasiado exigentes?
Si estás en 2ªB, tienes que ser consciente de que estás ahí y no vas a tener jugadores de 2ªA. Este año, creo que tiene un delantero de 2ªA como es Vitoria. Si no estás de acuerdo con el entrenador, espera al final y pitas al entrenador, pero no pites al equipo.
¿Volverías a entrenar al Barakaldo?
Sí, pese a que Barakaldo es un sitio complicadito. Yo estuve más de dos años, pero es muy difícil, hay mucha tensión.

UN FÚTBOL DISTINTO
¿Ves muchas diferencias entre el fútbol vizcaíno de antes y el actual?
¡Hombre! Desde el momento en que han cambiado los campos, que ahora son de hierba artificial, es evidente que las hay. Nosotros, de chavales, jugábamos en arena o barro, donde no se podía jugar igual que en hierba artificial; el tipo de jugador que salía de ahí es muy diferente al que sale ahora que, técnicamente, es mejor, pero en cuanto a fuerza, velocidad, garra y ganas, yo creo que eran mayores antes, al llevar desde niños peleando contra más obstáculos que ahora. ¡Ojo! No porque fuéramos unos fenómenos.

¿No crees que el Athletic es demasiado absorbente a nivel del fútbol en Bizkaia?
Yo creo que si el Barakaldo estuviera en 2ªA, iría más gente a Lasesarre. El Athletic, además, le ayudaría más con jugadores, por pura conveniencia. No es solo que esté el Athletic, porque hay sitio para un Barakaldo en 2ªA, pero si no has estado en esa categoría desde 1981 no es porque el Athletic esté al lado: mírate a ti mismo, porque algo has hecho mal.

Por último, has jugado en tres estadios míticos: Anfield…
Lo que más me llamó la atención de Anfield es que no tenía vallas, cuando aquí, en aquella época las había. De aquella eliminatoria recuerdo que el Liverpool, que fue el campeón de esa edición de la Copa de Europa, tenía un equipazo. Te diré que solo una vez me han dado calambres en un partido y fue contra el Liverpool, de lo que te hacía trabajar Ian Rush, estaba continuamente moviéndose.

…el viejo San Mamés…
El viejo San Mamés…Me llevé un disgusto cuando lo tiraron. De hecho, no he ido al nuevo hasta la temporada pasada contra el Sevilla; no tenía ganas, me daba cosa…El nuevo es un campo para el futuro, pero el viejo tenía el sabor tradicional.

…y el viejo Lasesarre.
Sobre todo, recuerdo el estruendo de la vieja tribuna de madera: a nosotros nos tiraba para arriba y al contrario lo tiraba para abajo, lo acojonaba. Yo estuve un año que, en lo deportivo no fue bueno a nivel general, aunque sí en lo particular. Hice buenos amigos allí, había una buena plantilla: Juan Carlos, Manolo, Agirrebengoa, Iturregi, Sebas, Carlos o Juan Ángel que, recuerdo, tenía un restaurante en Kareaga al que íbamos a comer. Fue divertido.

EL ZURDO PARA HISTÓRICO BARAKALDO C.F.

 

MIKEL AGIRREGOMEZKORTA: Cocinero y fraile en Lasesarre.

Mikel Aguirregomezkorta HistoricoBarakaldoCF
Mikel Agirregomezkorta con el Barakaldo C.F. en Riazor 1997
Tarde de inicio de verano. El calor aprieta inclemente e invita a la charla sosegada al resguardo de ese sol al que, con seguridad, nuestro protagonista habrá tenido que soportar con aún mayor rigor en la tierra manchega en la que se hizo mayor como futbolista. A primera vista nuestro interlocutor se conserva de maravilla: físicamente Mikel Agirregomezkorta no dista mucho de aquel chaval que, procedente del Leioa, aterrizó en Lasesarre hace 22 años. Más de dos décadas en las que ha tenido la oportunidad de jugar play-offs con el Barakaldo, fichar por el Athletic, llegar a primera con el Albacete y ser el titular del banquillo gualdinegro: ahí es nada. La conversación, sin duda, promete.

Mikel, tú llegas al Barakaldo en la temporada 95-96 procedente del Leioa, con 21 años recién cumplidos. Una temporada en la que no tuviste demasiadas oportunidades.
Sí, estuve dos años en el primer equipo del Leioa, en Primera Regional, y vengo al Barakaldo de la mano de Juanjo Benito, que entonces trabajaba para el club. La temporada comenzó con Felipe Mintegi como entrenador, al que destituyen en la 12ª jornada y que es sustituido por Koldo Agirre y, sí, la verdad es que no tuve demasiadas oportunidades. El salto de cuatro categorías fue grande y, además, pasé de jugar de media punta a hacerlo en la banda izquierda. Creo que podía haber jugado más, pero viniendo de Primera Regional y jugando en un puesto que no era el mío, tampoco me podía quejar.

¿Cómo valoras ese primer año en el Barakaldo?
Fue un año que me sirvió de mucho, pese a que solo jugué 14 partidos y no conseguí anotar ningún gol. Verme en fútbol semi-profesional y con un equipazo en el que destacaban jugadores como Ibarrondo, Fuentes, Peña, Camacho o Sarriugarte, que empezó con nosotros pero se fue a la Gramanet. La verdad es que terminé la temporada contento. No obstante, solo conseguimos ser séptimos al final de temporada.

La temporada siguiente ya fue otra cosa para ti…
Sí. Comenzó la temporada Koldo Agirre en el banquillo, con el que casi no tuve oportunidades, pero tras una derrota por 3-0 en Zalla le sustituye Txiki Dueñas, que pasó a jugar con tres delanteros y confió en mí. Jugábamos Moska, Aitor Agirre y yo, con un fútbol más directo y la cosa salió fenomenal, porque entramos en el play-off y, además, terminamos la temporada muy fuertes.

Aitor Agirre, Gonzalo, Mikel HistoricoBarakaldo C.F
Aitor Agirre, Gonzalo y Mikel Agirregomezkorta juntos en el Barakaldo C.F.

Una temporada en la que se había mantenido parte del bloque de la anterior, pero que además se había reforzado con gente importante
Vinieron Kepa Zarraga, Zamarripa, Moska, Izurza o Ayarza. Tuvimos mala suerte porque el grupo que nos tocó era muy fuerte: dos históricos como Córdoba y Elche más el Depor B de la generación de los Viqueira, Deus, Maikel,… A nivel personal fue una temporada en la que jugué bastante, quizás porque frente a Koldo Agirre, que apostaba por gente más veterana, Dueñas lo hacía por más jóvenes.

Es obligado preguntarte por el partido de liga frente al Real Unión de la jornada 15 en Lasesarre…
Salí del banquillo a falta de 13 minutos para el final con 1-1 en el marcador e hice un hat-trick que nos sirvió para ganar el partido por 4-1. ¡La pena que no haya imágenes de ello! Fue increíble: balón que tocaba, balón que metía. Nos adelantamos con un gol de Zamarripa y nos empató Irazoki, que años más tarde fue compañero mío en el Albacete. Recuerdo que uno de mis goles fue desde fuera del área con la zurda, por la escuadra; los otros dos fueron de cabeza, tras centros desde la banda derecha y la izquierda. Creo que ese partido fue el que me dio el empujón definitivo para que confiaran en mí. También me acuerdo del gol que le hice al Bilbao Athletic en la 36ª jornada en una victoria por 0-1 y que nos sirvió para meternos en el play-off. La verdad es que fue un año bueno, pero la pena fue nuestro mal papel en el play-off.

Tras entrar en el play-off, ¿veíais posibilidades reales de subir o el objetivo ya estaba cumplido con haberlo logrado?
Sabíamos que era muy complicado, pero íbamos con todas las de la ley a intentar ascender. Además, todo el pueblo estaba pendiente del play-off, había banderas por la calle; no puedes ir derrotado con ese entorno. Comenzamos bien, empatando a uno en Riazor con el Depor B, pero luego sendas derrotas contra el Córdoba por 1-2 y 3-0 y un empate a dos en Lasesarre con el Depor B nos dejaron sin posibilidades. Uno de los recuerdos que tengo del play-off es el viejo Lasesarre casi lleno. Fue un pasada.

Mikel Agirregomezkorta Cordoba 1997 HistoricoBarakaldoCF
Mikel al salto frente al Córdoba C.F. Play-off 96/97

Salida de Lasesarre
Tus buenas actuaciones te sirven para fichar por el Athletic la temporada 97-98, aunque no llegas a debutar con el primer equipo.
Jugué muchos amistosos e hice pre-temporada con Luis Fernández en el banquillo, pero era muy complicado entrar en aquel gran equipo que acabó entrando en Champios League.

Sí, eres habitual con el Bilbao Athletic, con el que disputas 36 partidos y consigues 8 goles, el primero de ellos en la cuarta jornada en Lasesarre…
Sí. Fue un partido que ganamos por 3-4. Al descanso ganábamos por 0-3, con dos goles de Aitor Agirre y el mío, pero el Barakaldo nos empató con goles de Moska por partida doble y Aitor Bouzo, y en el descuento marcó Iker Begoña el gol definitivo.

Tras otra buena temporada en el filial rojiblanco llegas al Lleida la temporada 99-00, con nada menos que el barcelonista Víctor Muñoz en el banquillo.
Estuvo bien. Ya en segunda división, en fútbol profesional. Nos quedamos a solo tres puntos del ascenso a primera. También llegamos a 1/8 de final en la Copa del Rey, pero aunque jugué 24 partidos no anduve fino de cara a portería. Respecto a Víctor, la verdad es que como entrenador era igual que como jugador: nos poníamos a hacer el “fartlek” (sistema de entrenamiento consistente en hacer principalmente ejercicios de carrera, N. del A.) y nos doblaba. Su despliegue físico era increíble.

La siguiente campaña inicias tu andadura en el Albacete y, curiosamente, en la primera de ellas coincides con Axier Intxaurraga que, al igual que tú, también ha sido jugador y entrenador del Barakaldo.
Sí, él venía del Elche. Tuvimos muy buena relación. También coincidí con otros ilustres como Amunike, Javi Guerrero, Toril o Sabas. Jugué 32 partidos e hice seis goles, siendo segundo máximo goleador del equipo. La siguiente temporada fue otra cosa, por culpa de una lesión del ligamento cruzado en la quinta jornada contra el Badajoz. Había marcado de cabeza en la primera parte, pero en la segunda mitad en una jugada subí a presionar a Txutxi, central del Badajoz, se me va la rodilla y me rompo el ligamento cruzado. Estuve siete meses de baja y reaparecí en un partido en el Carlos Belmonte ante el Burgos, en el que tuve la suerte de marcar.

Y llegamos a la temporada 2002-03, la del ascenso a primera.
Esa campaña solo hice dos goles, pero siempre me recuerdan el segundo de ellos, puesto que lo conseguí en un partido que en Albacete conocen como ”el día del ascenso”. Jugábamos ante el Levante, con el que en la ida habíamos empatado a dos y al que sacábamos varios puntos, por lo que era fundamental mantener el average. Empezamos perdiendo 0-2, me sacan del banquillo y en el primer balón que toco marco de cabeza. Empatamos en el descuento, lo que nos sirvió para mantener las distancias y acabar ascendiendo.
El salto a primera división
Y por fin en primera…
…e hicimos buena campaña y nos salvamos con holgura. Para mí, que había empezado en primera regional, fue una gozada, disfruté como un enano. Recuerdo que estaba en el Bernabeu defendiendo un córner, y miraba hacia arriba para contemplar el escenario. Tenía claro que, con todo lo que me había costado llegar, había que disfrutar y así lo hice. Por si fuera poco, tuve la suerte de jugar, entre otros con Santi Denia, uno de los heroes del doblete del Atlético de Madrid, el mundialista Pablo Ibáñez o Almunia, con quien compartía habitación.

También juegas en San Mamés
Sí, lo recuerdo porque la gente me aplaudió mucho cuando salí del banquillo. Nos adelantamos por 0-1, pero a escasos minutos para el final empató Iraola.

¿Qué impone más, el Bernabeu o el Nou Camp?
¡San Mamés! Cuando el público empieza a gritar “Athletic, Athletic”, en la grada impone mucho, pero en el campo, aún mucho más.

Pones punto y final a tu carrera como futbolista en el Alicante
Me lesioné muy pronto, con una lesión de desgaste que me tuvo todo el año sin jugar. La siguiente temporada hice la pretemporada, pero con dolores, asi que llegué a un acuerdo con el club y rescindí el contrato.

Historico Barakaldo CF 1997
Los convocados del Barakaldo C.F.  en Basarte para enfrentarse al Amurrio Club 95/96

ETAPA DE ENTRENADOR

Tras dejar el fútbol como jugador, inicias tu andadura como entrenador…y nada menos que en el Barakaldo
Sí, el Barakaldo fue mi primer equipo como entrenador. Llegué a falta de ocho jornadas para sustituir a González Etxebarria, que había sido cesado tras una mala racha que metió al equipo abajo, pero conseguimos salvarnos.

Por cierto, aunque ya había debutado con el propio González Etxebarria, tú das continuidad a Jon Ander Serantes en la portería. Veías que ahí había portero…
Sí, y de hecho ahora soy su representante. Cuando llegué hablé con los dos porteros, Serantes e Igor Etxebarrieta, y les indiqué que yo iba a poner al que viera mejor en cada momento y en ese momento apuesto por Serantes sabiendo que yo también me jugaba mucho. Estuvo fenomenal, terminó muy bien la temporada y comenzó la siguiente en la misma buena línea.

Llegamos a la infausta temporada 2010-2011, que culmina con el descenso del Barakaldo a tercera.
Reconozco que pequé un poco de novato. El error que cometo ese año es no saber reinvidicarme en las altas y en las bajas, pero yo entiendo que no tengo peso para imponer mi criterio. Me dio mucha pena ese año, porque estuve 16 partidos, de los que ganamos cuatro, empatamos otros cuatro y perdimos ocho, pero el equipo no jugaba mal. Recuerdo el partido en Lasesarre ante el Logroñés, en la 16ª jornada, en el que perdimos por 1-2, pero tuvimos hasta nueve claras ocasiones de gol, tres palos,… Con 1-0, un tremendo disparo de Eneko Rubio fue repelido dos veces por el poste y al final del encuentro, incluso el público de Lasesarre nos despidió con aplausos. Para mí fue una lástima, sobre todo porque el equipo estaba unido. Habíamos hecho buenos partidos fuera de Lasesarre: en Mendizorroza, donde el Alavés nos igualó en el descuento, o en el Tartiere, donde perdimos por 2-1 también en el descuento. Era cuestión de tiempo que el equipo fuera hacia arriba, jugábamos bien y los jugadores estaban conmigo a muerte. De hecho, pese a que me cesaron, no se volvió a ganar ningún partido el resto de la temporada. Yo, hoy, estoy completamente seguro de que hubiera salvado a aquel equipo, era un equipo muy alegre, había muy buen rollo en el vestuario.

¿Qué recuerdos te llevas de tu paso por el Barakaldo?
Es un equipo que me ha marcado. Estoy superagradecido, porque me dio la oportunidad de salir de regional y, al final, fue un trampolín para mí. Es un club que te llena y, además, yo tengo familia de Barakaldo con lo que, por ese lado, también me sentía identificado. Una vez que sales de allí, siempre estás siguiendo al Barakaldo.

Además tuviste la suerte de jugar en el viejo Lasesarre.
¡Nostalgia pura y dura! Ahora te pones a pensarlo y sí, el nuevo es muy bonito, pero al final el ambiente que había en el viejo Lasesarre era especial: aquella tribuna de madera, aquel fondo lleno,… Tenía otro encanto.

Anoeta Mikel Agirregomezkorta HIstorico Barakaldo
Mikel en Anoeta siendo jugador del Barakaldo C.F.

Un artículo de EL ZURDO para HISTÓRICO BARAKALDO C.F.

AIZPURU, OTRO DE LOS RETOÑOS DEL CHOPO

Aizpuru portero Barakaldo CF

Haber hablado con José Miguel Aizpuru (26/10/1948 Bilbao, Bizkaia), aunque haya sido telefónicamente, es una de esas muescas que uno deseaba hacer en su culata gualdinegra. Dicho y hecho. Con el que durante cuatro temporadas fuera el inquilino de la portería del Barakaldo CF hemos compartido vivencias de una época que tuvo probablemente las luces más brillantes de la historia gualdinegra, pero también esas eternas sombras, que nos son tan propias y conocidas, y, por qué no decirlo, tan intrínsecamente nuestras.

Aizpuru fue uno de tantos retoños de la cantera bilbaína que crecieron alrededor del mítico y legendario chopo de San Mamés, José Ángel íribar, y que ante la imposibilidad de disfrutar de minutos entre los tres palos de la meta rojiblanca, optó por buscarse la vida en otras latitudes. A uno le vienen a la cabeza los Deusto, Burgueña, Basauri o Santamaría que encontraron acomodo en equipos de Andalucía o Levante. No decidió hacerlo tan lejos el protagonista de nuestra entrevista, José Miguel Aizpuru, aunque su primera incursión fuera de nuestra tierra fue, como la de tantos otros por aquel entonces, para cumplir el servicio militar. En concreto, la temporada 70-71, jugó en el Racing de Ferrol. “Pero no llegué a debutar”, nos cuenta. “Me rompí el escafoide y estuve casi dos meses escayolado”.
De vuelta a Bilbao, en la temporada 71-72 comienza con el Bilbao Athletic en tercera división, pero ese mismo año Salvador Artigas, entrenador del Athletic, reclama su presencia en la primera plantilla, donde comienza también la siguiente campaña a las órdenes del serbio Milorad Pavic, en la que los rojiblancos obtienen el título de Copa ante el Castellón, “pero tenía por delante a Íribar, que eran palabras mayores, y a Marro, así que como no jugaba nada, y pese a que tenía otro año de contrato, hablé con el gerente José Ignacio Zarza y le dije que me buscara algo. Vino el Burgos, así que me fue allí”, nos cuenta. En el cuadro castellano, Aizpuru pasó dos temporadas, ambas en segunda división, jugando un total de 21 partidos, abandonando el club a la conclusión de la campaña 74-75. “Recibí la llamada de José Ignacio Méndez (entonces Secretario General, N del A.) para fichar por el Barakaldo, y como ya tenía dos hijos y el tercero venía en camino dije, ¡nos vamos para casa!”.
Su primera temporada en el Barakaldo fue la 75-76. “Con Juanito Arriarán en el banquillo jugamos la promoción de ascenso a segunda contra el Cádiz, tras quedar segundos por detrás del Pontevedra”, recuerda. Una promoción en la que las opciones gualdinegras fueron más bien pocas: “El Cádiz era un equipo muy bueno, en el que, entre otros, destacaba especialmente el delantero barakaldés Íbañez. Allí perdimos por 3-0 y aquí, aunque nos adelantamos con un gol de Txiki Sainz, ganamos por un insuficiente 3-2”.

Aizpuru Lasesarre Barakaldo CF
Aizpuru defendiendo la portería del Barakaldo en Lasesarre

La siguiente temporada se produce la llegada, procedente de la Gimnástica de Torrelavega, de Manuel Fernández Mora Moruca, probablemente el entrenador que más profunda huella haya dejado en Lasesarre y a quien Aizpuru recuerda con enorme cariño. “Moruca era un fenómeno. Además era muy compañero, todos estábamos muy contentos con él. Era un tío muy normal del que recuerdo que le gustaba mucho la pizarra: antes de cada partido nos ponía delante de ella para ilustrarnos la táctica con muñequitos”, recuerda Aizpuru. Lo cierto es que el Barakaldo se pasea en el grupo I de la Tercera División y consigue el retorno a la división de plata del fútbol español. “Nos hinchamos a meter goles. Teníamos buena gente arriba: Larreina, Sebas, Regúlez,… “, comenta.
No obstante, lo mejor de la trayectoria del guardameta bilbaíno en su periplo fabril estaba por llegar. “Mantuvimos la buena plantilla que teníamos y llegaron dos refuerzos del Bilbao Ath.: Bengoetxea y Sarabia. Tampoco es que estuviéramos muy al corriente de lo que podían llegar a ser, sobre todo Manolo”, nos cuenta, al tiempo que aprovecha para recordarnos una anécdota: “Recuerdo que cuando llegaron, en un entrenamiento estaba con Moruca, que como te he comentado era una persona muy cercana, y cuando empezamos a ver las evoluciones de Sarabia, le dije, «oye míster, ¿pero quién es este tío que nos han traído aquí?». ¡Fíjate tú la que armó!”, comenta divertido. Y es que la aportación goleadora de los dos cedidos resultó determinante para que aquella temporada 77-78 el Barakaldo rozara la hazaña del ascenso a la máxima categoría. “Además de ellos, teníamos una plantilla muy completa a la que también habían llegado el defensa Docal, procedente del Valladolid, y el centrocampista Duñabeitia, procedente del Zaragoza, entonces en primera división. Estaban Manolo, Carmelo, Martín, Dueñas… Así y todo, empezamos la temporada pensando en no bajar a tercera, pero empezamos a sumar y nos metimos arriba. Hacíamos bromas y todo: «¡El año que viene: Barakaldo-Barcelona. Ya verás tú cuando vengan y vean esta tribuna y estas casetas! », rememora jocoso. Lo cierto es que el equipo gualdinegro llega a la última jornada a dos puntos de segundo y tercer clasificados, el Celta y el Recreativo de Huelva, a los que supera en el average particular, por lo que necesita de una victoria en Tenerife y de la derrota de uno de los dos. “ la mala suerte de que tanto el Castellón, rival del Recreativo, no se jugara nada, como que al Getafe, del Celta, le bastara un empate para salvarse”, señala. Los tres partidos se saldan con empate a cero y el sueño del ascenso se esfuma.
Para Aizpuru, la clave de aquella exitosa campaña estuvo en el gran ambiente reinante en la plantilla: “Era un grupo en el que yo era de los más veteranos, porque empezaban chavales como Sebas, Delgado o Manolo, pero hacíamos un gran grupo. Acababa el entrenamiento y nos íbamos todos a tomar una cerveza a un bar que había a la vuelta de Lasesarre”. Y en concreto, tiene un recuerdo muy especial para un hombre, todo furia y pundonor: Larreina. “Habría que hacerle un monumento en Lasesarre”, apunta.

Plantilla Barakaldo 1977-79 Lasesarre
Plantilla del Baracaldo C.F. 1977/78 al final de temporada. Aizpuru, el primero de la fila de arriba

Un nuevo descenso
Y fiel a lo que ha sido nuestra historia, paso del blanco al negro sin solución de continuidad. Se produce el retorno de Sarabia y Bengoetxea al Athletic, la marcha de Benito al Recreativo, y Mora se va a probar fortuna al banquillo de uno de los gallitos de segunda: el Elche (donde, por cierto, solo dura 14 partidos). Su sustituto fue Manuel Martínez Canales, “Manolín”. La campaña concluye con un incontestable descenso, pese a que la pretemporada auguraba todo lo contrario. “Ganamos el torneo Príncipe Felipe en Santander, venciendo a dos primeras como el Racing y el Sporting de los Morán, Quini, Ferrero o Cundi, que venía de acabar quinto y que esa temporada sería subcampeón de liga. Pero es que también habíamos superado por penaltis al Athletic en Lasesarre en las semifinales de los “Juegos de Euskadi”, señala Aizpuru, para quien una de las claves estuvo en la falta de acierto arriba: “No le hacíamos un gol ni al arco iris. Recuerdo que nos trajeron cedidos del Burgos al argentino Cioffi y a Emilio Faubel, pero no hubo manera. Además, Manolín quizás estaba ya un poco de vuelta de todo, y su sustituto, García de Andoín, tampoco consiguió enderezar la marcha”.
Uno de los borrones particularmente dolorosos de aquella campaña se produce en la octava jornada, en un encuentro ante el Cádiz en Lasesarre, que concluye con una contundente derrota por 0-5 y con la dimisión en bloque de la directiva encabezada por Jose Mari Bañales. “Aquel partido no lo jugué. Recuerdo que el día anterior llamé a Juanjo Campa, el masajista, por una molestia que tenía en el vientre y que parecía apendicitis. Me llevaron a la clínica y me realizaron unas pruebas en las que no se detectó nada, pero por precaución me quedé en el banquillo y Manolín, que las pasaba canutas, me decía «¡Ay Dios mío, ahora esto!»”, recuerda, al tiempo que aprovecha para ensalzar la figura de Jose Mari Bañales: “Era una persona entrañable, un fenómeno. Me dio muchísima pena cuando se marchó”.
Con el descenso, llega también la decisión de José Miguel Aizpuru de dejar el fútbol, pese a que todavía solo tenía 30 años. “Podría haber seguido. El presidente Andrés Vázquez quería que continuara y también me llamó José María Negrillo, que había sido ayudante de Max Merkel, y que me había entrenado en el Burgos, para que me fuera al Jerez, pero había comenzado con algunos negocios así que decidí dejarlo”, señala. Aunque no del todo: Aizpuru nos recuerda una divertida anécdota que le sucedió unos meses después. “Estaba por Deusto cuando de repente me ve el presidente del Deusto, que entonces militaba en tercera división, y me dice que les tengo que hacer el favor de jugar con ellos, ya que tienen a sus dos porteros lesionados. Le dije: ¡no me jodas, que llevo más de medio año sin jugar! Pero ante su insistencia me tuve que poner los guantes de nuevo. Jugamos contra el Lagun Onak y el Talavera. Después del primer partido, tenía agujetas”, nos recuerda.
Después de casi 40 años de su paso por el Barakaldo, de cuya actualidad le gusta estar al tanto, Aizpuru evoca con mucho cariño su paso por nuestro equipo. “A mí en el Barakaldo me salió todo bien. La verdad es que no tengo más que buenos recuerdos de mi Barakaldo”. Y, creenos José Miguel, los que tuvimos la suerte de verte defender la portería gualdinegra, no tenemos más que buenos recuerdos de ti.

Una entrevista de  EL ZURDO para HISTÓRICO BARAKALDO

MANOLO: “Antiguamente, nadie se planteaba otro plan para el domingo que no fuera el bajar a Lasesarre”

Una mañana soleada. Un cortado con hielo y un zurito en la terraza de un bar del barrio de Arteagabeitia. La función grabadora de un teléfono móvil encendida encima de la mesa. E interrupciones. Interrupciones de hombres que pasan con las bolsas de la compra o que vienen de pasear de Gorostiza. Señores que reconocen la cara de una de las dos personas que se sientan a la mesa.
“¡Qué bien se te ve, Manolo!”. “¡Pasa buen día, Manolo!”. “A disfrutar Manolo y compañía y aúpa Baraka!”.
Una terraza, en el barrio de Arteagebeitia, fue el lugar elegido para charlar con Manuel López Martínez (Villa del Campo, Cáceres, 23/12/1954), más conocido como Manolo, integrante de aquel Barakaldo que soñó con ascender a Primera división. Pero también de otros Barakaldos que militaron en 3ª, de otras escuadras cuyos jugadores vistieron la zamarra gualdinegra durante muchas temporadas, vivían en el pueblo y eran reconocidos y admirados por los aficionados del club fabril.
Son, precisamente, esos hinchas, ya talluditos y peinando canas, los que saludan a Manolo; los que no olvidan que un día fue el capitán del equipo de su pueblo; los que reconocen más la cara de este bravo jugador, a pesar del paso del tiempo, que muchos de los rostros de las actuales plantillas; los que interrumpen una entrevista que Manuel López, Manolo, ha concedido a Histórico Barakaldo para hablar de aquellos Barakaldos, de aquel fútbol, de recuerdos y emociones en amarillo y negro.
Sorteadas las interrupciones, volvemos a apretar el botón de ‘REC’.
Barakaldo Cf 1976
1976/77 Arriba: Abiega, Arechalde, Raúl, Ceballos, Benito, Cucó. Abajo: Sainz, Manolo, Inoriza, Juan Carlos y Collantes

Los que vieron jugar a Manolo en los años 70 y 80 del pasado siglo, le definen como un futbolista bravo, un lateral derecho de gran recorrido. ¿Cómo se definiría Manolo a sí mismo como jugador?

¿Cómo me definiría? No sé… no voy a decir que fuese rápido o que no lo fuese, si bien es verdad que me gustaba mucho correr la banda. Tampoco diría que desechase el aspecto técnico. No sé, no era el típico jugador que solo marcaba al contrario sino que también me volcaba al ataque, que tenía tendencia ofensiva. De hecho, empecé de centrocampista en el Barakaldo juvenil, pero por circunstancias del juego, lesiones de compañeros y tal, acabé retrasando mi posición y acabé de 2, pero, como te decía, con las características típicas de lo que hoy entendemos como la figura del carrilero, algo que, por otra parte, encajaba con el estilo de fútbol que propugnábamos y con el tipo de futbolistas que teníamos.

¿Cómo era, pues, ese estilo que proponíais?

Diferente en cuanto a conceptos. Hoy se juega de una manera distinta, sobre todo en cuanto a la velocidad. En la actualidad, la gente físicamente está mucho mejor preparada que entonces pero eso no nos tiene que llevar a pensar que el fútbol de entonces fuese exclusivamente aguerrido o carente de técnica. Éramos muy intensos, claro, porque eso es lo que pedía la grada de Lasesarre, pero había gente que jugaba al fútbol de maravilla. También era otro tipo de fútbol porque, independientemente de cómo se jugase, estaba el factor reglamento que, en aquellos años, era mucho más permisivo que ahora. Hoy en día haces un agarrón y te sacan amarilla y eso, antes, era impensable. Yo, de hecho, empecé a jugar con tarjetas los últimos años de mi carrera.

Por último, está el propio campo. Lasesarre, el estado del césped, también condicionaba el juego. Si a los que jugábamos entonces nos hubiese tocado un campo como el que hay ahora, tendríamos que haber cambiado el estilo, volcándonos en mejorar tanto táctica como técnicamente.

Ahora que haces referencia a Lasesarre, más allá de las condiciones para la práctica del fútbol, ¿cómo era el estadio en aquellos años?, ¿qué ambiente se respiraba?

Uf, era increíble. Estando en 2ª división, el segundo año, el que estuvimos a punto de ascender a primera, la entrada media a Lasesarre cada domingo era de unos 10.000 o 12.000 espectadores. En tercera, también tenía unas entradas muy fuertes porque había partidos y rivales muy interesantes.

En todo caso, el ambiente que se respiraba aquellos años en Lasesarre era ambiente de fútbol. Los partidos siempre eran el domingo a las 17:00 de la tarde y nadie se planteaba otro plan que no fuera el bajar a Lasesarre. Veías por el pueblo unas colas de gente bajar al campo impresionantes. Se creaba un ambiente de fútbol total, en un campo tan auténtico y vetusto como era aquel y eso lo notábamos los futbolistas. Era una gozada jugar así, a pesar de las dificultades, que las había, como, por ejemplo, el tema de las mareas de la ría que inundaba el vestuario… pero, como digo, el ambiente era espectacular.

Te escucho y la pregunta que me surge es qué ha pasado para que esa imagen, para que ese ambiente de fútbol se haya mermado tanto en relación con el Barakaldo.

Son un montón los factores que pueden explicarlo. No se puede comparar lo de ahora con lo de antes. El ambiente era distinto. Ahora no hay tanta implicación de la propia plantilla del club con el pueblo. Hoy vas por Barakaldo y, salvo a uno o a dos, no conoces a nadie. Antes los jugadores parábamos en los bares, éramos un bloque de compañeros que nos juntábamos tanto dentro como fuera del fútbol y alternábamos por el pueblo. Era otra cosa, había otra comunión. El fútbol era diferente. Era igual menos materialista que ahora, que, ojo, me parece muy bien el profesionalismo del fútbol actual, pero son conceptos diferentes. Es difícil explicar qué ha cambiado en una frase porque han cambiado muchas cosas: los sistemas, los métodos, la forma de sentir, no hay repercusión mediática… jugar contra equipos que, con todos mis respetos, no son muy atractivos pues también hace que el ambiente decrezca, que la gente diga “otra vez”.

También es verdad que las últimas promociones que ha jugado el Barakaldo, la gente hemos respondido, hemos bajado al campo… o sea, cuando hay una motivación la gente responde… pero son esas cosas puntuales. Antes el público, como decía, tenía asumido que el domingo había que ir al fútbol, a Lasesarre y ahora, como eso no se da, es el equipo el que tiene que enganchar al público y si el equipo no transmite algo, difícil asunto.

Ascenso 1977 Barakaldo Herriko Plaza
La Herriko plaza a reventar en la celebración del ascenso del 77

Me ha gustado que emplees esa primera persona del plural al referirte a que “hemos respondido”. Y es que, de alguna forma u otra, llevas toda tu vida vinculada al Barakaldo.

Pues imagínate. Estuve siete temporadas en el Barakaldo, de 1974 a 1981. Antes estuve un año cedido en el Portugalete y dos años en el Barakaldo juvenil. Antes de esto no había estado en ningún otro equipo. Soy un producto de la cantera. Después del Baraka, fui al Burgos, donde estuve tres años, en 2ªA, en la época “dorada” en la que no se pagaba.

Después de la experiencia en el Burgos, regresé a Barakaldo donde compaginé mi profesión como profesor de Educación Física en El Regato con entrenar al Barakaldo juvenil. Luego, en los años 1995 y 1996, estuve de segundo entrenador con Ricardo Moreno. Fueron dos campañas y, en la segunda, le destituyeron cuando faltaban 6 o 7 partidos y, aunque tenía pensado marcharme con él, al final me quedé como míster del primer equipo en una situación delicada porque estábamos para descender pero al final lo salvamos.

Además, estuve de directivo con Miguel Acero. Entré de director deportivo y a los 6 meses me marché, por decisión personal, al ver cómo se estaba gestionando el club a nivel deportivo.

En todos esos años vistiendo la camiseta gualdinegra, has estado a las órdenes de muchos entrenadores. ¿Qué recuerdos guardas de ellos?, ¿te marcó alguno especialmente?

¿Entrenadores? Pues fíjate, he sido pupilo de nombres como los de Eusebio Ríos, Arriarán, Beaskoetxea, Fernández Mora, Carmelo Cedrún… precisamente, en la temporada de Carmelo, jugué de interior.

Por destacar, destacaría a Manuel Fernández Mora, Moruca. Fueron dos campañas con él y una de ellas la famosa en la que casi hacemos la machada de subir a 1ª. Guardo muy buen recuerdo de él. De aquí se marchó al Elche.

Además de Moruca, el mejor de todos para mí fue Eusebio Ríos aunque eran muy diferentes entre sí. Y muy diferentes con los entrenadores de ahora. Antes hacían de todo: ejercían de entrenador, de preparador físico, de entrenador de porteros, de utillero… Antes no había flechitas ni cosas así.

Por último, aparte de estos, me acuerdo mucho de Pedro Mari Beaskoetxea, sobre todo por lo que fue la temporada 79-80, en 3ª. Con él, ascendimos a 2ª otra vez, perdiendo 3 partidos en toda la liga. Curiosamente, Pedro Mari Beaskoetxea era el típico entrenador raro para aquella época porque le gustaba un poco el estilo de ahora: tocar, tocar, tocar… le daba lo mismo que en defensa le hicieras un caño a uno. No le gustaba, sin embargo, que se jugase al pelotazo, te echaba la bronca si lo hacías… y, jugando así, perdimos 3 partidos en toda la liga. Pues bien, la gente, el aficionado nos pitaba todos los partidos porque no le gustaba ese estilo de juego. De hecho, a pesar del ascenso, fue cesado la campaña siguiente.

Evidentemente, dado que te he preguntado por los entrenadores, qué decir de la infinidad de jugadores con los que has compartido vestuario…

Si hablamos de jugadores, más que destacar a uno u otro, me gustaría resaltar que, en aquellos años, éramos un bloque. Entonces no variaban tanto las plantillas. Esa fue una de las grandes ventajas que tuvo el Barakaldo en su momento. Yo en los 7 años que he estado en el Barakaldo, la mayoría de ellos, por no decir todos, cambiaban 4 o 5 jugadores, por lo que hemos sido compañeros muchos años juntos, haciendo un grupo muy fuerte. Nos conocíamos perfectamente y las novedades que venían eran para mejorar el grupo consolidado.

Creo que esta puede ser una de las claves que explique que en los últimos 15 o 18, 20 años, el Barakaldo, para mí, sea un desconocido a ese respecto. No sé si es porque el fútbol está así, pero lo que no entiendo es como el Barakaldo puede cambiar 15 o 18 jugadores de la plantilla todos los años.Indudablemente si quieres hacer un bloque, no puedes estar trayendo todos los años a tanta gente nueva. De hecho, conozco pocos equipos, hoy en día, de un poco de nivel, que cambien tanto las plantillas como el Barakaldo, por lo tanto, algo se está haciendo diferente, no digo mal, aunque creo que no muy bien porque lo que se está demostrando es que desde el año que yo me marché, el Barakaldo no ha vuelto a ascender y estamos hablando ya de 36 años. Vale que se han jugado 10 u 11 promociones y entendiendo que es muy difícil subir y que hace falta una dosis de suerte, creo que el problema está en cómo se planifican las plantillas. No sé, nosotros jugamos tres años en 2ª y tres años en 3ª pero tanto en los ascensos como en los descensos, no cambiábamos 15 jugadores, ni por bajar ni por subir.

No es normal, en definitiva esta situación y considero que algo hay que cambiar para conseguir mantener un bloque. No puede venirnos un entrenador pidiendo 15 jugadores. Yo eso no me lo imagino, por ejemplo, en el Athletic.

Manolo Barakaldo CF trofeo a la regularidad 1978
Manolo recibiendo el trofeo a la regularidad. Baracaldo C.F. 1977/78

¿Y qué crees que es lo que habría que hacer o cambiar?

Bajo mi punto de vista, atar a la gente joven con proyección. Sé que esta apuesta tiene dos variantes: o te piden mucho dinero o te la tienes que jugar con ellos con un contrato un poco mayor en el tiempo. Sea como fuere, por algo, por un modelo de los dos hay que apostar. Además, lo que no se puede es esperar a junio para renovar a la gente. Hay que empezar a tantear en enero o febrero a la gente a la que quieres renovar y negociar para que se quede y firme entonces.

Insisto: hay que apostar por gente joven con posibilidades aunque se arriesgue un poco de dinero. Cinco, seis, siete chavales, firmo con ellos tres años y voy consolidando un bloque. Y la gente tiene que saber que venir a Barakaldo hoy, al menos a nivel de Euskadi, es un escaparate y también hay que jugar con eso. Como ya he dicho, he sido directivo, jugador, entrenador… entiendo que es difícil pero hay que hacer apuestas.

Volviendo a los jugadores, aún dejando claro que lo que más quieres subrayar es el valor de que erais un bloque, de quién te acuerdas más, quién te impresionó teniéndolo a tu lado…

Es difícil destacar a uno o a dos… nombres que me vienen a la cabeza pueden ser los de Larreina, Regúlez, Delgado, Collantes, Dueñas, Manolo Sarabia, por supuesto… muchos… todos los que formábamos el bloque y que, como he dicho al principio, era gente que jugaba muy bien al fútbol.

En este sentido, hay un partido que lo tengo grabado en la retina y que no es por lo que yo hice ni por lo que hizo el Barakaldo, sino por lo que hizo uno de mis compañeros. Jugábamos en Turón, Asturias, en plena zona minera, en 3ª. Si nuestro campo tenía barro, aquel era el copón. Nosotros jugábamos por el ascenso y ellos por salvarse. Aquel partido empezó a llover y había un barro increíble por lo que el partido se convirtió más en una gran disputa que en otra cosa. All descanso perdíamos 1-0. Lo que ellos no sabían es que nosotros teníamos al Toro Larreina. Él ganó el partido. Él solo. Nunca he visto a ningún jugador entregarse tanto como lo hacía aquel. Se pegaba con todo: luchaba, bregaba y, como te digo, él ganó el partido. Acabamos 1-2. No se me olvidará aquel partido de Larreina.

Por lo que vas contando, en aquellos años, la situación del Barakaldo era, a nivel de competición, como una montaña rusa: ascensos, descensos…

Efectivamente. Muchas veces suelo decir, aunque la gente no se lo tome muy en serio, que jugar en el Barakaldo es tan difícil como jugar en el Barça o en el Madrid o en alguno de esos. Es porque son equipos que siempre tienen que estar arriba, que siempre tienen que ganar. Cuando estábamos en 3ª, el objetivo era ascender, siempre. Y en 2ª era una lucha perenne por no bajar. Entonces, claro, los entrenadores apostaban por gente joven porque te juegas todo. Jugar en el Baraka no era jugar a quedar 7º o 10º, los objetivos en el Barakaldo nunca eran medianías.

Esto respondía, claro está, al nivel de exigencia que siempre ha mostrado el socio del Barakaldo CF.

Claro, pero por lo que te decía. La afición siempre ha sido exigente porque los objetivos del Barakaldo siempre han sido jugarse algo. Es inimaginable pensar en ver al Barakaldo iniciando la temporada para quedar en el puesto 10 o así… si esto pasase, entonces sí que no bajaría nadie a Lasesarre.

Vicente Calderon Barakaldo CF 1979-80
Vicente Calderon 1979/80 Aguirrebengoa, Carmelo, Bardasco, Melendez, Manolo, Irusta (de pie). Juan Carlos, Merayo, Sainz, Dueñas y Otaolea (agachados).

Volviendo a aquel carrusel clasificatorio que decíamos antes de ascensos, descensos… llegamos a la mítica temporada 1977-78 en la que se rozó el sueño de subir a Primera.

Empezamos la misma siendo unos recién ascendidos ya que la temporada 76-77 estábamos en 3ª. Y partimos con el objetivo de la permanencia. Teníamos un muy buen equipo pero, claro, comparado con equipos como el Celta o el Zaragoza pues imagínate… pero además tuvimos la gran suerte de que nos vino al equipo un monstruo del fútbol como era Manolo Sarabia. Era un jugador impresionante. Lo trajeron para formarse cedido del Athletic, junto a Bengoetxea. Entre los dos, ese año, hicieron 32 goles, 16 cada uno, no te digo más.

El caso es que a Sarabia le veíamos los más veteranos y decíamos, “éste se ahoga aquí”. Era flaco, alto, le llamábamos La Cigüeña. Pero era un fenómeno. Era el típico jugador que te podía poner de los nervios porque ibas fuera y el otro equipo te achuchaba y demás y veías al otro tan tranquilo, tocándose las…. pero luego, de vez en cuando, le dabas el balón, hacía así y se cascaba un golazo.

Pero bueno, aparte de Sarabia, como te decía, en ese equipo había gente muy buena: estaban los Delgado, Duñabeitia… gente muy buena, con mucha correa… y, como decíamos, al principio, el planteamiento es el de mantenerse, pero se da la inercia del fútbol y empiezas a ganar, empiezas a ganar y coges una dinámica ganadora y cuando te das cuentas estás ahí arriba, ahí metido… y cuando nos dimos cuenta, dijimos vamos a por ello y fuimos y estuvimos a punto de conseguirlo.

Imagino que por tu posición en el campo, no serías un jugador de hacer muchos goles. ¿Recuerdas alguno en especial?

Bueno, en mi época de juveniles, que jugaba más adelantado, ya me cascaba mis 30 goles por temporada… pero sí es cierto que con los mayores del Barakaldo no hice tantos.

¿Algún gol que recuerde? Sobre todo uno, contra el Castellón. Típica jugada que te encuentras con un balón en la defensa, empiezas a progresar con él, sigues progresando, te encuentras con uno, lo sorteas, te sale otro, lo salvas, ya no te fijas si hay compañeros, te plantas en el área contraria, driblas al portero y gol. Fue en Lasesarre. Pañuelos blancos.

Ya nos has contado mucho pero, ¿recuerdas alguna anécdota especial que quieras compartir?

Es que anécdotas… no sé… miles. Recuerdo ahora un año con Juanito Arriarán como míster, en tercera, temporada en la que quedamos segundos, subiendo el Pontevedra. El caso es que en el Barakaldo nunca nos habían llevado concentrados a ningún sitio y vino éste, Arriarán, y, joer, una semana que se nos llevó concentrados a Castro-Urdiales, al Hotel Las Rocas. Fue algo muy especial porque aunque ahora parezca lo más normal del mundo, por aquel entonces no lo era.

Ya por ir acabando, ¿guarda Manolo alguna relación en la actualidad con el mundo del fútbol?

Hasta hace nada he estado en la escuela de fútbol de Sestao como preparador físico. Con el Barakaldo CF sigo vinculado como socio, pero hasta ahí.

En ese sentido, como socio, ¿cómo ves la actualidad del Barakaldo?

Lo que veo es que el Barakaldo, en estos últimos años, ha apostado por el ascenso, a pesar de que, como ya he dicho antes, no hay una línea clara por mantener un bloque. Aún así, creo que se están haciendo buenos equipos. Tampoco se está teniendo suerte pero también esperaba un puntito más en el tema de juego porque el campo lo requiere. El año pasado, por ejemplo, se hicieron 80 puntos, una muy buena temporada, pero el equipo llegó fundido y tuvo la mala suerte de no quedar 1º. Si el equipo se hubiera metido en el playoff a una eliminatoria, igual se habría podido ascender, pero al quedar segundos yo creo que se le vino el mundo encima.

Sobre el resto que, desgraciadamente, ha rodeado al club en el año de su centenario, pues muy triste. Yo no sé qué es lo que habrá pasado pero sólo quiero dejar claro que por encima de los nombres de unos y de otros, lo que tiene que prevalecer es la institución, el respeto por una entidad centenaria.

Manolo Barakaldo CF Vicente Calderon
Carlos disputa el balón ante la mirada de Manolo detrás en la última temporada del Barakaldo en 2ªA. At. Madrileño-Baracaldo C.F. 1980/81

Una entrevista de LUCCE para HISTÓRICO BARAKALDO C.F.

¿¿¿UN EXTRANJERO AL BARAKALDO??? ENTREVISTA A CIOFFI

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Baracaldo C.F. – Real Betis Balompie 78/79 (1-0) Aizpuru, Manolo, Carmelo, Docal, Aguirrebengoa, Martín, Sainz, Larreina, Cioffi, Dueñas y Faubel
Sí, probablemente esa fue la exclamación que hicieron muchos socios y aficionados gualdinegros aquel mes de diciembre de 1978, cuando se anunció la llegada de José Juan Cioffi, un delantero argentino que, procedente del Burgos CF, recalaba en el Barakaldo en calidad de cedido. Hasta entonces, lo más cercano a un jugador foráneo que había tenido el Barakaldo había sido el mítico Miguel Jones, nacido en Guinea Ecuatorial pero de nacionalidad española, quien en la temporada 56-57 defendió nuestros colores, curiosamente durante unos cuantos partidos a las órdenes de otra rara avis en Lasesarre, un técnico extranjero, el croata Zvonimir Monsider.

Y es que todo era poco para tratar de apagar el incendio deportivo de aquella temporada 78-79. Tras haber tocado el cielo del ascenso a Primera división la temporada anterior, de la mano de Manuel Fernández Mora, el técnico cántabro aceptó una tentadora oferta de uno de los gallitos de la categoría, el Elche, siendo sustituido en el banquillo por Manuel Martínez Canales, “Manolín”. Los malos resultados forzaron su destitución en la jornada 11, después de un empate sin goles ante el Deportivo de La Coruña en Lasesarre, siendo sustituido por José María García de Andoin, cuyo debut se produjo, precisamente, ante el Elche de “Moruca” un 26 de noviembre de 1978, y se saldó con una derrota por 2-0 en feudo ilicitano.

A todo ello, hubo que unir la crisis institucional, con la dimisión en bloque de la directiva encabezada por José María Bañales, tras uno de los más abochornantes y esperpénticos espectáculos que uno recuerda en Lasesarre: un encuentro ante el Cádiz, en la octava jornada, saldado con una sonrojante derrota por 0-5, en medio de una intensa niebla, con apagón incluido a escasos minutos del final y con una parte de la afición llegando incluso al insulto personal contra los miembros de la Junta directiva. El testigo de Bañales fue recogido por la directiva presidida por Andrés Vázquez, quien ante la errática marcha deportiva y la alarmante sequía goleadora (¡Ay, cuánto se echaba de menos a Sarabia y Bengoechea!) decidió pedir al desaparecido Burgos CF, entonces en primera, la cesión de dos delanteros, uno de ellos el extremo valenciano Emilio García Faubel, mientras que el segundo no fue otro que el argentino José Juan Cioffi Morgillo.

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Cioffi pichichi 73/74

Cioffi se había dedicado a atemorizar los guardametas de la división de plata durante sus tres temporadas en el Castellón, en las que anotó 46 goles en 99 partidos, siendo “pichichi” de la categoría la primera de ellas, 74-75. A Castalia, el delantero de Buenos Aires había llegado procedente del Atlético San Telmo, un modesto club del área metropolitana de la capital argentina, donde dejó su impronta goleadora. Sus buenos números hiceron que el Burgos CF se fijara en él y lo fichara en la 77-78, si bien en el cuadro burgalés, merced a una persistente lesión de rodilla, no dispuso prácticamente de minutos.

El propio Cioffi recuerda con cariño su paso por el Barakaldo. “Guardo recuerdos muy buenos, el trato de su gente, unos jugadores maravillosos”. Si bien, considera que la lesión de rodilla que arrastraba le impidió rendir en plenitud. “La pena es que, debido a mi lesión, tan solo pude disputar 10 partidos. Vine lesionado, intentó recuperarme mi gran amigo Juanjo Campa, pero fue una lesión que me perjudicó muchísimo en mi vida profesional”, nos cuenta.

Su debut se produce un 14 de enero de 1979 en El Sadar, en un partido que se salda con derrota gualdinegra por 3-1. Cioffi disputó 77 minutos, siendo sustituido por Juan Carlos. “El equipo jugaba bien, dominaba, pero teníamos la mala suerte de perder, por esas cosas del fútbol. El comentario siempre era el mismo: el mejor equipo que pasó…pero perdíamos”.

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El día del debut de Cioffi con el Barakaldo en el Sadar

En efecto, una de las cruces del Barakaldo aquella temporada culminada con descenso a 2ªB fueron los partidos lejos de Lasesarre, en los que solo consiguió un empate en Tarrasa, y una victoria en Ferrol por 1-2, en la que el argentino fue protagonista directo con un doblete. “A pesar de todo, el equipo no acababa de reaccionar. Eran unos chicos bárbaros, pero a mi entender nos faltó carácter ganador”, indica.

barakaldo-c-f-cioffi-3Una semana más tarde de ese encuentro, se produjo un enfrentamiento especial para Cioffi, ante su ex -equipo el Castellón que concluyó con empate a cero. “Mi ilusión era ganar a mis amigos, pero no pudo ser”, confiesa.

Y era obligado preguntar a Cioffi por su aclimatación a un fútbol como el del Barakaldo, y a un campo como el viejo Lasesarre. “¡Imagínate! Un argentino jugando con barro. Pero mejor que en Burgos. Además, a mi me gustaba el fútbol directo, de ataque, pese a que no estaba al 100 por 100”, señala.

En total, y por culpa de su lesión, solo pudo disputar 10 encuentros, anotando dos goles. “Fui muy bien recibido, estoy muy agradecido a esa tierra, pero me dio mucha tristeza no poder ayudar al Barakaldo”, confiesa Cioffi, que se mantiene al tanto de la actualidad gualdinegra, “ya que mantengo relación con toda la familia Campa”.

Actualmente, el exfutbolista regenta un negocio de hostelería en Alcoceber, localidad de la provincia de Castellón. Quien fuera apodado “el Puma” por la hinchada del At. San Telmo (“hoy me dirían el Oso”, comenta en tono de broma) tiene palabras de aliento para la hinchada gualdinegra en este año del Centenario. “Gracias y a seguir fiel a esos colores: es la verdadera manera de ver el fútbol”. Y qué razón tiene.

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Cioffi, el tercero agachado, con la camiseta del Atlético San Temo Bonaerense

Artículo de El Zurdo para Histórico Barakaldo